Región de Atacama: Algo de Historia sobre Chañaral de Aceituno

por Vidal Naveas Droguett

 

ChañaraldeAceituno

Sobre una visita que hice días atrás a Chañaral del Huasco o Chañaral del Sur, como era conocido antiguamente el sector Sur, Chañaral de Aceitunos, frontera de Atacama y Coquimbo, donde sobresale la caleta de pescadores dedicada íntegramente a una interesante propuesta turística, conducente a la admiración de tradiciones como el Rodeo de Burros de Carrizalillo, el avistamiento de cetáceos y el conocimiento de los parques de áreas protegidas con abundante flora y fauna marina del sector.

En la zona se encuentran tres islas pequeñas que mantienen un ecosistema único en el mundo, destinado a preservar variadas formas de vida animal, como el pingüino de Humboldt, lobos y elefantes marinos, y cientos se aves marinas que buscan el alimento y la paz suficiente para nidificar.

En temporadas de verano en el Hemisferio Sur, llegan cetáceos y una variedad de mamíferos marinos, los cuales se mantienen alrededor de las islas, alimentándose, retomando fuerzas junto a sus crías, para luego proseguir su viaje por el mundo.

Esta temporada es aprovechada por los lugareños quienes se han dedicado a perfeccionar sus emprendimientos locales con fines turísticos.

Los territorios marinos son la Isla Choros y la Isla Damas que se encuentran en la región de Coquimbo y separadas por un límite geográfico con Atacama. En nuestra región está la Isla Chañaral, que anteriormente se llamó Isla Gaviota.

Breve Reseña de Chañaral de Aceituno

El encomendero Francisco Cisternas y Villalobos se alza como el primer dueño oficial de los terrazgos de la Estancia Chañaral, ubicada entre el valle del Huasco y Coquimbo.
A su padre don Juan Cisternas Escobar, le habían sido concedidas aquellas propiedades en el año 1670 por el Gobernador don Diego González Montero, “en mérito por haber servido muchos años a S.M. en las guerras, por haber elevado a su costo una compañía de caballería, por haber reprimido fuertemente a los indios calchaquíes, haber sido Alcalde de La Serena y tres veces Corregidor de Copiapó.

Cisternas y Villalobos, obtuvo también por herencia de su tío Pedro Cisternas Miranda, las estancias de Carrizal donde se encontraba a la vez la rica minería del lugar.
Con la Independencia de Chile se fueron terminando los títulos de mayorazgos, la abolición de la esclavitud y la tenencia de la tierra por parte de los españoles residentes. Las estancias poco a poco se fueron dividiendo y volviendo estas a sus antiguos habitantes, los indígenas y changos quienes mantenían un exitoso comercio o trueque entre ellos.

En la Estancia de Chañaral a inicios del Siglo XIX, hubo fundiciones de leña donde se llegó a contabilizar cerca de doscientas personas dedicadas a la minería, lo mismo que caballos mulas y burros, cerca de seiscientos animales, según las crónicas y censos antiguos.

Alguna vez la caleta fue nombrada puerto menor de embarque de minerales en 1864, periodo del Presidente José Joaquín Pérez y su Ministro Irarrázaval, porque en Coquimbo había escasez de pasto y agua para los animales, los cuales transportaban los minerales de la zona.

Fueron habilitados los puertos de Chañaral y Totoralillo.

La Caleta de Chañaral de Aceituno fue un enclave chango, donde sus moradores vivían de la pesca del congrio, de la recolección de mariscos y la caza de lobos marinos. Seguramente la caza de ballenas fue su mayor interés para la producción de cebos y aceites.

En los alrededores se encuentran variados vestigios de esta práctica.

En el año 1991 se puso fin a la práctica de cazar delfines, puesto que una cincuentena de estos ejemplares eligieron este lugar por casi diez años, para vivir y reproducirse, a tal punto que algunos pescadores ya se habían acostumbrado a disfrutar de las piruetas de estos nadadores, mientras algunos inescrupulosos los cazaban para comerciar su carne.
Chañaral de Aceituno se ha convertido en un lugar muy visitado, por los turistas gracias a los avistamientos de ballenas y delfines, además de su excelente gastronomía y muy buena atención.

Epílogo.

Con el tiempo, los lugareños, los verdaderos propietarios de la tierra fueron perdiendo sus territorios, las leyes, los leguleyos y los vivos que nunca faltan, fueron despojando a los antiguos propietarios con engaños, dadivas y miedos a quienes verdaderamente les corresponde por derecho ancestral administrar la tierra.

Para todos es sobradamente conocido que, el dueño de estas tierras hoy en día, es el Senador Baldo Prokurica y todas las acciones que se generen en el lugar deber ser visadas por el politiquero.

Aquí hay lugares donde las playas son propiedades privadas, contraviniendo las Leyes de la Republica que dicen “que las playas son de todos los chilenos…”

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